Era otoño.
Quizás el más frío y oscuro de los que he vivido,
pues hasta mi alma se deshojaba.
Iluminaba la luna nuestra noche,
pero más se iluminó mi vida con tu beso.
Alegre, dulce, brillante y sereno.
Y nunca más hermoso.
Así de perfecto para mí, me conquistaste.
Desde entonces vivo eternas primaveras,
con la bandera del amor como estandarte.
Y mis pasos son ahora más firmes
porque con tus manos me sostienes.